Ascensor

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Harry salió del dormitorio, cruzó la sala y salió del apartamento. Le llegó el ascensor y pulsó el botón de llamada. La puerta se abrió; entró. El ascensor empezó a bajar. A su lado, de pie, había una mujer oriental, pequeñita. Tenía el cabello negro. Falda negra, blusa blanca, leotardos, pies menudos, zapatos de tacón alto. Era de tez oscura, y sólo llevaba un toque de lápiz de labios. Aquel cuerpo tan pequeño tenía un trasero sorprendente, de lo más atractivo. Sus ojos eran color castaño, muy profundos. Y parecían cansados. Harry alzó la mano y apretó el STOP. Cuando avanzaba hacia ella, la mujer gritó. Le dio un par de sopapos en la cara, fuertes, sacó el pañuelo y se lo embutió en la boca. La sujetó con un brazo por la cintura y,
mientras le arañaba la cara, le subió la falda con la mano libre. Le gustó lo que vio.

Charles Bukowski

Demonio

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“El demonio a mi lado acecha en tentaciones;
como un aire impalpable lo siento en torno mío;
lo respiro, lo siento quemando mis pulmones
de un culpable deseo con que, en vano, porfío.”

– Charles Baudelaire –

Éxodo 2.13.17-22

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“Ciertamente Dios os visitará, y haréis llevar de aquí mis restos, con vosotros.”

Salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.

Jehovah iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el

camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que pudieran

caminar tanto de día como de noche.

La columna de nube nunca se apartó de día de delante del pueblo, ni la columna de fuego de noche.