“Soy la cima…”

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“Soy la cima de las cosas logradas y cierro las cosas por cumplir.

Mis pies tocan la cima de las cimas de la escalera,

en cada peldaño racimos de siglos y mayores racimos entre los peldaños,

todos los de abajo los he recorrido debidamente, y sigo ascendiendo y ascendiendo”

Walt Whitman

Demonios

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“Mas las almas desnudas y contritas,
cambiaron el color y rechinaban,
cuando escucharon las palabras crudas.

Blasfemaban de Dios y de sus padres,
del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente
que los sembrara, y de su nacimiento.

Luego se recogieron todas juntas,
llorando fuerte en la orilla malvada
que aguarda a todos los que a Dios no temen.

Carón, demonio, con ojos de fuego,
llamándolos a todos recogía;
da con el remo si alguno se atrasa”

Divina Comedia

Dante Alighieri

Noche

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“¡Cómo me agradarías, oh noche! ¡Sin estas estrellas Cuya luz habla un lenguaje conocido!
¡Porque yo busco el vacío, y el negro, y el desnudo!

Pero, las tinieblas son ellas mismas las telas donde viven, brotando de mis ojos por millares, Los seres desaparecidos de las miradas familiares”

Las Flores del Mal

Baudelaire

 

Y el cielo contemplaba…

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“Y el cielo contemplaba la osamenta soberbia”

“Yo he visto algunas veces, en el foro de un escenario trivial Que inflamaba la orquesta sonora,
Un hada encender en un cielo infernal”

Las Flores del Mal

Charles Baudelaire

Muros

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Así llegamos a los hondos fosos
que ciñen esa tierra sin consuelo;
de hierro aquellos muros parecían.

Divina Comedia

Dante Alighieri

 

Ascensor

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Harry salió del dormitorio, cruzó la sala y salió del apartamento. Le llegó el ascensor y pulsó el botón de llamada. La puerta se abrió; entró. El ascensor empezó a bajar. A su lado, de pie, había una mujer oriental, pequeñita. Tenía el cabello negro. Falda negra, blusa blanca, leotardos, pies menudos, zapatos de tacón alto. Era de tez oscura, y sólo llevaba un toque de lápiz de labios. Aquel cuerpo tan pequeño tenía un trasero sorprendente, de lo más atractivo. Sus ojos eran color castaño, muy profundos. Y parecían cansados. Harry alzó la mano y apretó el STOP. Cuando avanzaba hacia ella, la mujer gritó. Le dio un par de sopapos en la cara, fuertes, sacó el pañuelo y se lo embutió en la boca. La sujetó con un brazo por la cintura y,
mientras le arañaba la cara, le subió la falda con la mano libre. Le gustó lo que vio.

Charles Bukowski